
El 13 de mayo
la Virgen María
bajó de los cielos
a Coya de Iría.
Ave, Ave, Ave María...
A tres pastorcitos
la Madre de Dios
descubre el misterio
de su Corazón.
Ave, Ave, Ave María...
«El Santo Rosario
constantes rezad
y la paz al mundo
el Señor dará».
Ave, Ave, Ave María...
«Haced penitencia,
haced oración,
por los pecadores
implorad perdón».
Ave, Ave, Ave María..
«Mi amparo a los pueblos
habré de prestar,
si el Santo Rosario
me quieren rezar».
Ave Ave, Ave María...

Salve, Madre; en la tierra de tus amores,
te saludan los cantos que alza el amor.
Reina de nuestras almas, flor de las flores,
muestra aquí de tu gloria los resplandores,
que en el cielo tan sólo te aman mejor.
Virgen santa, Virgen pura,
vida, esperanza y dulzura
del alma que en ti confía;
Madre de Dios, Madre mía,
mientras mi vida alentaré
todo mi amor para tí;
mas si mi amor te olvidare...,
Madre mía, Madre mía,
aunque mi amor te olvidare,
tú no te olvides de mí.

Venid Y Vamos Todos
Con Flores A Porfía,
Con Flores A María,
Que Madre Nuestra Es.
De nuevo aquí nos tienes,
purísima doncella
más que la luna bella,
postrados a tus pies.
Venimos a ofrecerte
las flores de este suelo
con cuánto amor y anhelo,
Señora, Tú lo ves.

María, Tú Eres Mi Madre;
María, Tú Eres Mi Amor.
María, Madre Mía,
Yo Te Doy Mi Corazón
María, cuyo nombre
es música más suave
que el cántico del ave
y que del agua el son.
Tu nombre sea fuente
do beba el alma mía
y halle la alegría
mi pobre corazón.
María, cuyo nombre
es fuente de pureza
que lava la torpeza
del frágil corazón.
Tu nombre sea el agua
que el mío purifique
de cuanta en él radique
maligna inclinación.

Sin Ti ver no podría lo más profundo de mi Señor,
ni adherirme, ni conformarme, ni secundarte en tu misión.
El Hijo en Ti se hizo carne y por tu Sí nos reconcilió;
auxíliame en mi combate para acoger tan grande don.
Salve santa maría,
inmaculada del dolor,
virgen fiel toda tu vida,
maestra del amor.
Tu ardiente corazón a tu hijo me remite,
madre santa, madre humilde,
cúbreme con tu manto protector.
El dolor bien conociste, como el anciano advirtió:
"una espada estará en tu alma";
bajo el madero se cumplió.
Y allí, Bienaventurada, te llamaron Madre nuestra.
Madre mía Inmaculada, guíame a la reconciliación.


